Motivación: la base del cambio

Saber lo que ansiamos conseguir y encontrar aquello que hará que nos esforcemos al máximo es fundamental para lograr nuestros objetivos.

Somos muchos los que queremos cambiar nuestro estilo de vida. Dejar atrás el sedentarismo y apostar por el deporte y todo lo bueno que éste conlleva. Pero, muchas veces, lo que decimos y lo que hacemos no van de la mano. Y es precisamente la motivación, lo que hace que esos dos verbos cobren sentido.

¿Cuántas veces hemos expresado ese utópico ‘mañana empiezo con el gimnasio/dieta’? Probablemente las mismas que hemos mandado nuestros planes al traste. Y culpamos a todo lo que nos rodea: el tiempo no acompaña, mis amigos me llevan por la mala vida, llevar una alimentación sana en pareja es imposible, etc. Queremos disfrazar una verdad que sabemos de antemano: los únicos culpables somos nosotros. Y es que, un objetivo nunca será cumplido si no encuentras esa motivación necesaria para conseguirlo. Porque querer, de verdad, es poder.

Pero, ¿cómo hago frente a mis objetivos? Lo primero que tenemos que hacer para conseguir aquello que nos propongamos es tener confianza en nosotros mismos. Hay que hacer oídos sordos a todos los comentarios ajenos que puedan enturbiar nuestra misión. Encontrar la motivación en aquello que consideremos importante, y marcarnos objetivos que sean tan duros como alcanzables: a corto, medio y largo plazo.

La motivación, en el deporte, en concreto, y en la vida, en general, tiene que verse siempre plasmada en constancia, esfuerzo y continuidad. Nadie que haga las cosas bien, conseguirá resultados increíbles en un corto espacio de tiempo. Todo cambio físico necesita muchas horas de dedicación. Y en ese aspecto, resulta fundamental hacerle frente a la frustración. Porque es muy fácil venirse abajo si vemos que, haciendo las cosas bien, nos cuesta más conseguir los mismos resultados que al resto. Por ello, mentalmente tenemos que ser todavía más fuertes que físicamente. Porque de nada sirve ‘aparentar’ estéticamente fortaleza si estamos completamente rotos por dentro. Somos nuestros únicos rivales y a los que tenemos que superar día a día.

Las diferencias las marcan los detalles. Decidir entre quedarte tumbado en el sofá o salir a correr; entre pedir una pizza para cenar o hacerte una ensalada que cumpla con tus necesidades calóricas. Son esos detalles los que provocan cambios significativos. Actos que van a depender de ti, de lo predispuesto que estés a buscar tu mejor versión; de la motivación que tengas para superar todas las adversidades que se te pongan por delante.

Nadie va a recorrer el camino por nosotros. Si nos caemos, cogemos impulso y volvemos a incorporarnos. Con más fuerza y motivación. Las metas no se regalan. Tenemos que pelear hasta el final, porque la satisfacción que sentimos al saber que lo hemos dado todo es incomparable. Los límites los marcamos nosotros y, a veces, hasta el cielo se nos queda pequeño.