Encuentra tu motivación postvacacional y disfruta tu rutina

Agosto llega a su fin, y junto a él, nuestras vacaciones. Toca ‘volver a empezar, otra vez’, como cantaba El Corte Inglés, pero, en muchos casos, es muy difícil encontrar esa ilusión y ganas que mostraban los niños del anuncio. Nos falta motivación y nos sobra pereza. Asociamos rutina a aburrimiento y lo convertimos en algo tedioso. No nos damos cuenta que la vida, al fin y al cabo, es precisamente eso, el ‘día a día’. No somos psicólogos ni pretendemos serlo, pero desde aquí queremos intentar transmitiros esa motivación postvacacional tan escurridiza, como necesaria.

No vamos a engañar a nadie, las vacaciones molan mucho. No tener grandes preocupaciones por un tiempo, olvidarte del despertador, de tu jefe… son cosas que todos necesitamos. Por ello, ese periodo vacacional tiene que ser una inversión a corto plazo. Tenemos que plantearlo como una fuente de energía que es la que nos va a impulsar a comernos la rutina desde el día uno de nuestra vuelta.

Porque si hemos estado para tomar el sol y tomarnos una cervecita en el chiringuito de la playa, con más razón tenemos que hacerlo para despertarnos un par de horas antes de ir al trabajo, e ir a entrenar. Y es que así tenemos que ser: inconformistas. Que nuestras ansias de superación se vean reflejadas en hechos, más que en palabras. Pues la rutina no es aburrida. En eso la convierte aquel que se conforma con lo que tiene, que no aspira a mejorar. Si nos tomamos nuestro día a día como un reto constante será una aventura interminable.

Las personas que sufren depresión postvacacional suelen ser aquellas que trabajan sin ninguna motivación durante el año, única y exclusivamente, para poder disfrutar más de sus cuatro/cinco semanas de vacaciones. Exactamente lo mismo ocurre con el deporte y la alimentación; de nada sirve sacrificarse un largo periodo de tiempo, si luego echas por tierra todo el esfuerzo realizado en unos pocos días. Hay que saber poner todo ello en una balanza, comparar el tiempo que se le dedica a cada cosa y luego actuar en razón a ello.

Y es que la rutina puede hacerte mucho más feliz que unas simples vacaciones. Y quien sabe valorarla, VIVE plenamente. No existimos para trabajar; trabajamos para vivir. Y entrenamos para que nuestra vida sea más completa si cabe; dejando huella en todo lo que hacemos y huyendo de la simplicidad al mismo tiempo. Para demostrarnos a nosotros mismos que los límites no existen y que detrás de cada ‘buen trabajo’, hay un objetivo un poco más cercano. No pasamos la semana dormidos para solo despertar y sentir los sábados y los domingos. Exprimimos todos los días por igual, porque cada uno de ellos tiene algo que aportar.

SEPTIEMBRE, qué ganas te tenemos!